martes 5 de enero de 2010

Demasiada presión

Estás muy tensionado, hombre.

Tienes, déjame decirte,

un orangután neurótico sobre los hombros.

Piensas demasiado.

Tu pequeña cabeza no hace otra cosa que girar como un dínamo.

Oh, sí, tienes imaginación,

pero las imágenes se pliegan y entrelazan

y sus extremos se hunden en una suerte de

ojo vacío.

Por supuesto, alguien te persigue.

Por supuesto,

todos mienten

o por lo menos

siempre dicen una parte insignificante de la verdad

así estén convencidos de que es toda

la verdad.

Y tú no haces otra cosa que intentar completar

los espacios en blanco.

Ese es tu juego predilecto.

Ese es tu vicio.

Las palabras que escuchas,

los gestos triviales,

son sólo piezas dispersas del enorme rompecabezas

que da forma al mundo.

Y bien sabes que el sentido de tu vida

(si es que lo tiene)

es bosquejar en tu mente las piezas que faltan.

¡Ah!, pero el rompecabezas no sólo es espacial.

Es, sobre todas las cosas,

temporal.

Va mutando con las horas,

con las frases que van brotando de la nada,

con las sonrisas y el terror,

con la constante pantomima

que todos representan en un universo paralelo

que quizás no exista.

Y tú estás solo y te das cuenta

de que la única verdad anida en ti

pero necesita agotar todos tus pasos

para manifestarse.

 

El mundo está saturado de narradores

y tal vez tú seas el punto de fuga

de todos los relatos:

el receptor absoluto de las ficciones.

lunes 4 de enero de 2010

Coraje

No sé si es el infierno,

sólo sé que hay cadenas, lobos negros, chirriar de dientes,

un espacio aterradoramente abierto,

muros que se balancean y sangran,

murmullos cortados por piedras y garras,

murmullos que parecen venir de otros pasados,

de otras vidas que ahora son sólo

viento seco.

Hay como un tornado encerrado en sí mismo

con imágenes y recuerdos desgajándose en sus bordes

y un vórtice frío y silencioso que para nada es de este mundo.

¡Pero mierda!:

descorrer levemente las cortinas,

echar un vistazo a esa legión que se oculta

detrás de tus ojos,

es suficiente para hacerme caer de rodillas y rezar,

llorar como un loco, reír hasta la asfixia,

aferrarme a la vida y desear la muerte.

 

Pero aun así decido abismarme en ellos.

domingo 13 de diciembre de 2009

Pesadillas

ai_3.jpg image by elleaurens

Hay una escena de Inteligencia Artificial

en la que el niño robot reencuentra a su madre

La misma que una tarde lo abandonó

porque él era una amenaza para la realidad que en torno a ella

se había erigido como una catedral

en obra permanente

Ella murió hace siglos

pero los embriones de dioses la han traído de vuelta

por un día

un único día

en que sólo están ella y el niño robot

Ella le dice una y otra vez que lo ama

se lo dice una y otra vez

porque ha olvidado por completo su vida

porque sólo lo tiene a él y sólo lo recuerda a él

Su familia humana, su realidad

eran el muro de hielo que se interponía entre los dos

Ahora que todo eso ha muerto hace miles de años

el amor por el niño robot está intacto

el amor por el niño robot es más grande

que todo lo que ella alguna vez creyó tener

 

El mundo falsea, fragmenta, diluye

transforma en espejo roto, en una pregunta sin orillas

lo que en verdad somos

lo que en verdad amamos

Hamlet dice

que nuestras pesadillas nos impiden ser

los dioses que anidan en nosotros

Y esta tierra mala

esta tierra anclada en la muerte vieja

es la pesadilla perfecta

Buitre

Yo soy puro deseo

puro futuro borroso como la niebla

pura hambre y pavor

al estanque

y a esas alimañas que se aprovechan

de la inmovilidad de sus víctimas

y aguardan el momento en que el cuello

se quiebra

la cabeza cae

para enroscarse en los nervios como enredaderas

 

Así que echo a correr

busco escapar de la esperanza como de la peste

Pero el único movimiento posible es el espiral descendente

en cuyo centro espera el buitre

que lleva en sus garras mi nombre verdadero

martes 8 de diciembre de 2009

… si no fuera porque tengo pesadillas

Hasta qué punto es miedo

hasta qué punto

una constelación de palabras

hasta qué punto es el horror que nos consume

hasta qué punto sí hasta qué punto

no

hasta qué punto el demonio es real como la piedra

o un simple fantasma que no deja ver

el Aleph